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En los inicios del séptimo arte, el cine todavía no sabía que era arte. No tenía la necesidad de imitar a la literatura ni al teatro para contar historias y complacer a un público burgués. En sus inicios, el cine era una expresión inmediata, lúdica, explosiva, los cineastas se apropiaron de las posibilidades de la nueva técnica, jugaron con el ritmo, la luz, el movimiento. La observación de un detalle cotidiano, una sombra, un pájaro volando podían transformarse en un universo encantador, maravilloso. El francés Georges Méliès es el maestro de estos pioneros, inventó nuevas formas de transformar la realidad, más cercana a la magia y la danza.
Su hermano en el espíritu es Hans Richter, dadaísta, surrealista, mago del cine. En los años 1920, el alemán Richter empujó los límites del cine más allá de lo conocido, hacia un universo animista, revelando que el cine no necesita protagonistas, sino que cada objeto tiene una vida propia, incontrolable, cómica. Un universo infinito de sensaciones y experimentaciones, un sueño continuo. La visión de Richter tenía un espíritu demasiado libre para los nazis, que censuraron su obra estigmatizándola como “arte degenerada” y destruyeron la banda sonora de su película “Vormittagsspuk” (“Ghosts before breakfast”, 1928).

CINE OCHO Y MEDIO. Valladolid N24-353 y Vizcaya

Entrada general $5 Tercera edad y personas con discapacidades $2,50

Fechas: 19 Y 22 enero
Hora: 20:00
Teléfono: 2904721
Web: http://www.ochoymedio.net/

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